Sucede en ocasiones que una literatura cruel y despiadada nos encandila de una forma similar a cómo encanta un buen cuadro a quien sabe apreciarlo. Existe una literatura misteriosa y profética que es digna de elogio y repudia al mismo tiempo, cuestión de gustos, como si de una naturaleza muerta se tratase.También ocurre a veces que, sin la menor intención, una novela se convierte en testigo fiel, aunque algo distorsionado, de la época que nos toca. Siempre ha sido así, y si hoy se estudian los diversos géneros literarios que han ido acompañando a los momentos importantes de la historia es por novelas como estas. Así, "El Club de la Lucha" se ha ido convirtiendo paulatinamente en toda una novela de culto y un máximo exponente del "realismo sucio" que pocas novelas saben plasmar con tanta eficacia.
Llevada al cine en 1999 de la mano de David Fincher y con monstruos de la interpretación de la talla de Edward Norton y Brad Pitt, "El Club de la Lucha" es una novela cuyo autor, Chuck Palahniuk, tardó en desarrollar, llegando a escribir capítulos enteros en medio de su jornada laboral (el propio Palahniuk cuenta que escribió páginas mientras arreglaba la suspensión de una camioneta. Cosas de la inspiración...)
"El Club de la Lucha" ("de la Pelea" en Sudamérica) es una novela no difícil de leer, pero sí confusa. El ritmo hipnótico impreso en sus páginas, parecido al de esas canciones tristes y pegadizas nos envuelve y absorbe en su espiral onírica y nos recuerda que, a veces, los malos molan más.
El protagonista de la novela es un oficinista, paciente de insomnio, cuyo nombre nunca es pronunciado, el cual un día decide acudir, sin padecer ninguna enfermedad grave, a una de esas reuniones de enfermos cuyos asistentes esperan la muerte más pronto que tarde. Allí se deshinibe y llora, consiguiendo superar su insomnio. Un día aparece una mujer en una reunión de enfermos de cáncer de testículo. Nuestro protagonista ve entonces reflejada en la joven su mentira, de nuevo vuelve a padecer insomnio y su vida sigue siendo todo lo monótona e insustancial que era hasta entonces. Un día conoce a Tyler Durden, personaje vividor y carismático. Por diversos avatares del destino, nuestro protagonista acabará conviviendo con él, y un dia, durante una pelea entre ellos surge la idea, nace El Club de la Lucha.
Válvula de escape para muchos, pronto el club se convierte en todo un éxito, es entonces cuando Tyler aprovecha para llevar a cabo otros planes con los que nuestro confuso narrador no contaba.
Obviamente hay ciertas manifestaciones de arte que es de dudosa moralidad o inteligencia llevar a la práctica, y aunque no es en absoluto oficial (ya que "La primera regla del club de la lucha es no hablar del club de la lucha") han existido rumores acerca de un posible "club de lucha" en alguna ciudad española.
Película y novela se han convertido en los últimos años en auténticos objetos de culto, tal vez por lo simbólicamente profético de su argumento, y es que resulta verdaderamente irónico que algo en apariencia grotesco se convierta luego en algo a tener en cuenta, como ese terrible olor, como de estornudo seco, que dejan en el aire algunas flores antes de florecer por completo...
No es que la letra entre con sangre, pero está claro que cala más hondo, y si el retrato del hoy ha de ser grotesco y repugnante, que así sea. Ver, aceptar y callar con absoluta pasividad, que algún día recordaremos todo por lo que hemos pasado. Al fin y al cabo la primera regla del Proyecto Estragos es "no hacer preguntas"...
